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Instituto Internacionalde Español

Diplomacia

Diplomacia cultural en Madrid: por qué el español institucional abre puertas

Del Mayrit andalusí a la nota verbal: por qué el español institucional acerca a los diplomáticos árabes a sus interlocutores en Madrid.

5 min de lectura

Acabas de llegar a Madrid con una agenda llena. Muchas reuniones serán en inglés, y funcionarán. Pero la relación bilateral también se construye en otros sitios. Un almuerzo con un director general. La inauguración de una exposición. La conversación de pie al terminar un acto. Ahí la lengua de la sala es el español. Y no basta con hablarlo: hay que hablarlo con el tono de una institución.

Qué es el matiz institucional

El español institucional no es un español difícil. Es un español que cuida tres cosas: el tratamiento, la forma de pedir y la fórmula escrita.

Al hablar con un alto cargo, se usa el título del puesto: «Señora ministra», «Señor embajador». Con los demás, «señor» o «señora» y el primer apellido, hasta que alguien proponga el tú.

Al pedir, el español formal suaviza el verbo. «Quería pedirle una reunión» no habla del pasado: es la forma cortés de pedir hoy. «¿Sería posible adelantar la cita?» y «Le agradecería que nos confirmara la fecha» funcionan igual. Un «quiero» directo es correcto, pero en un despacho ministerial puede sonar brusco.

En la correspondencia oficial, la sorpresa suele ser agradable. La nota verbal española y la árabe se parecen mucho. Las dos hablan en tercera persona y las dos invocan el honor:

  • «La Embajada de… saluda atentamente al Ministerio de Asuntos Exteriores y tiene el honor de…»
  • «تهدي سفارة… أطيب تحياتها إلى وزارة الخارجية، وتتشرف بأن…»

Quien domina una fórmula tiene medio camino hecho hacia la otra.

Una herencia que se oye cada día

Madrid tiene origen andalusí. En el siglo IX, el emir cordobés Mohamed I mandó levantar una fortaleza junto al Manzanares. Debía proteger la frontera norte de al-Andalus. Se llamaba Mayrit (مجريط). Hoy se ven restos de su muralla en la Cuesta de la Vega, junto al parque del Emir Mohamed I.

La lengua guarda la misma memoria. Los filólogos cuentan varios miles de palabras españolas de origen árabe, si se suman los derivados. Muchas son de uso diario:

  • aceite, de الزيت;
  • almohada, de المخدة;
  • hasta, de حتى;
  • azulejo, de una voz hispanoárabe;
  • alcalde, de القاضي, que en árabe significa 'el juez';
  • ojalá, de una fórmula hispanoárabe que nombra la voluntad de Dios.

Para un diplomático árabe, esta herencia no es una curiosidad de museo. Es materia de diplomacia cultural y un buen tema para un almuerzo: el alcalde de Madrid lleva en su cargo una palabra árabe.

Qué aporta un profesor bilingüe

Los profesores del Instituto son españoles nativos y bilingües, nacidos en España en familias de origen árabe. Son filólogos especializados en enseñar español a extranjeros. Esa doble lengua permite explicar el español desde lo que ya sabes.

El subjuntivo

En árabe, después de la partícula أنْ, el verbo cambia de forma: أريد أن تأتي. En español ocurre algo parecido después de que: «Quiero que vengas». No es una idea nueva, sino una estructura conocida con otro nombre. Con un matiz: si el sujeto es el mismo, el español usa infinitivo («Quiero venir»). Ojalá sigue la misma lógica y pide subjuntivo: «Ojalá podamos firmarlo este año».

Ser y estar

El árabe no necesita verbo en presente: أنا مهندس, الباب مفتوح. El español obliga a elegir: «Soy ingeniero», «La puerta está abierta». Un profesor bilingüe parte de esa frase nominal. Y enseña cuándo el español ve una identidad (ser) y cuándo un estado o un resultado (estar).

El registro formal

En árabe, el respeto se marca sobre todo con títulos y fórmulas como سعادة السفير o حضرتك. En español, además, lo marca el verbo. Usted procede de vuestra merced, una fórmula que hablaba del interlocutor en tercera persona. Por eso se dice «¿Cómo está usted?» y no «¿Cómo estás usted?». Entender ese origen ayuda a no mezclar el tú y el usted en la misma frase.

Consejo del Instituto. En tus peticiones, cambia «quiero» por «quería» o «querría». «Quería pedirle diez minutos al final del acto» es correcto, cortés y no incomoda a nadie. Y si tu interlocutor te dice «Tutéame, por favor», acepta. En Madrid, mantener el usted después de esa invitación marca distancia, no respeto.

El programa para diplomáticos

El programa de español para diplomáticos combina 20 horas individuales con dos almuerzos o cenas de conversación con el profesor. Las comidas son en restaurantes de Madrid. El precio es de 2.350 €. Las sesiones se dan en Gran Vía 40 o en la embajada. La confidencialidad queda recogida por escrito. Se empieza con una prueba de nivel gratuita de 30 minutos, sin matrícula.

Ver el programa para diplomáticos · Cómo enseñamos a hablantes de árabe

En resumen

Preguntas frecuentes

¿Por qué aprender español si las reuniones son en inglés?

Porque la relación también se construye fuera de la agenda, en almuerzos, actos y conversaciones informales. Ahí el español con registro institucional transmite respeto y facilita el trato directo.

¿Cuántas palabras del español vienen del árabe?

Los filólogos cuentan varios miles si se suman los derivados. Muchas son de uso diario, como aceite, almohada, azulejo, alcalde, hasta u ojalá.

¿Qué aporta un profesor bilingüe en árabe y español?

Explica el subjuntivo, ser y estar o el registro formal partiendo de estructuras que ya conoces en árabe. Se entiende antes y se evitan errores de tono.

¿Las clases pueden darse en la embajada?

Sí. Las sesiones pueden hacerse en la embajada o en la sede del Instituto, en Gran Vía 40, con compromiso de confidencialidad por escrito.

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